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Viviendo con un apicultor japonés y sus abejas en las montañas de Nagano

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En 2023 tenía claro que quería ir varios meses a Japón. Es un país que siempre me ha fascinado cada vez que he estado, pero sentía que necesitaba verlo de otra forma. Lejos de hoteles céntricos, rutas turísticas o “top 10 sitios” en los que comer. Cada vez más intento viajar de forma más respetuosa y menos invasiva, dentro de lo que se puede, claro…

Quería conocer personas, aportar algo a su comunidad y al sitio que visitaba. Y de ahí salió la idea de encontrar un voluntariado, en mi caso: con un apicultor japonés de las montañas de Nagano.

Conociendo a Go, un apicultor japonés de las montañas de Nagano

Investigando la zona de Nagano, encontré a Go (豪), un japonés que se dedica a cuidar sus colmenas él solo durante la temporada de las abejas, además de ser profesional del snowboard durante los meses en que las abejas están hibernando.

Conecté con él por Instagram y, como vi que había tenido a otros voluntarios, me animé a escribirle. La verdad es que han pasado ya tres años y recuerdo la experiencia como una de las mejores cosas que he vivido hasta ahora.

El día a día de un apicultor japonés fuera de la gran ciudad

Durante esos días estuve alojado en su casa, que al mismo tiempo conecta con su lugar de trabajo. Una zona tranquila de Shinano, rodeada de campos de arroz, soba y naturaleza.

Cada mañana salíamos juntos en su furgoneta (un increíble kei truck japonés, por cierto) y hacia los apiarios que tiene repartidos por la zona: algunos escondidos en pequeños claros del bosque alrededor de Shinano, otros en las laderas verdes del monte y un pequeño apiario que tenía en una finca de un amigo suyo dedicado a la permacultura.

Juntos recorrimos todos los sitios donde sus abejas viven y me enseñó a observar cada detalle que importa. Me enseñó a fijarme en las flores que crecen de forma espontánea durante un periodo corto de tiempo, a entender el zumbido de las abejas. A notar la temperatura y el olor de una colmena sana y llena de vida, y a ver a las abejas como parte indispensable de nuestra vida cotidiana.

Acompañarlo era la mejor forma de entender su día a día como apicultor. Revisábamos las colmenas con calma, observando el comportamiento de las abejas, recogíamos los panales cuando llegaba el momento y después empezábamos el proceso de extracción de la miel. Todo se hacía de manera sencilla y muy manual. En lugar de depender de productos químicos o tratamientos industriales, Go prefiere trabajar con paciencia y atención. Para él, la apicultura no es solo producir miel: es aprender a convivir con las abejas y con el entorno que las rodea.

Un ritmo de vida que recuerda a Perfect Days

Y yo estuve en la naturaleza desconectado de todo, simplemente prestando atención a lo que realmente importaba: las abejas. Eso es lo que siempre me ha fascinado de la cultura japonesa y pude vivirlo en primera persona. Se sintió como en la película Perfect Days de Wim Wenders.

Al final de nuestra jornada volvíamos a casa a prepararnos para ir al sento vecinal (los baños públicos) y más tarde al supermercado para preparar la cena. Conocer a Go y que me abriera las puertas de su vida de esa forma fue algo que jamás pensé que podría vivir haciendo “turismo”. Y sinceramente, nos llevamos genial desde el principio. Conocí a su familia, a su hija, a sus amigos. Me mostró que música escuchaba, su forma de ver el mundo y también me presentó al grupo que gestiona los fuegos artificiales de la zona, en el que él participa.

Los mercados locales y la miel de Go

Juntos vendíamos su miel en los eventos locales de la zona junto con otros pequeños productores y granjeros. Eran pequeños mercados o ferias donde cada puesto tenía algo distinto: conservas, pan artesanal, hortalizas… Montábamos nuestra mesa con los tarros de miel y poco a poco iban acercándose vecinos del pueblo, familias o gente de pueblos cercanos que ya conocían a Go y la miel de sus abejas.

A veces las conversaciones se alargaban más que las ventas; la gente preguntaba por las abejas, por la temporada o por el sabor de cada miel dependiendo de las flores de ese momento. Yo hablo algo de japonés, pero mi vocabulario es bastante limitado… De todos modos, donde yo no llegaba, Go me ayudaba a entenderlo. De hecho, aprendí mucho vocabulario nuevo que aún recuerdo.

Eran jornadas largas, muchas horas y bastante movimiento, pero también una forma muy bonita de entrar en contacto con la comunidad local y entender cómo funciona la vida en estos pueblos de montaña. Para mí fueron la mejor oportunidad de entender el lugar en el que ahora estaba viviendo y la forma en la que Go ve la vida.

Al final, lo que empezó como un voluntariado terminó siendo una forma completamente distinta de entender Japón. Durante esos días no visité templos famosos ni crucé medio país en tren bala. En su lugar, pasé las mañanas entre colmenas, las tardes en pequeños mercados de pueblo y las noches compartiendo un baño termal con los vecinos.

Viajar así te ayuda a bajar el ritmo, a observar y a escuchar. A darte cuenta de que Japón no es solo lo que aparece en las redes sociales, sino también estas pequeñas comunidades donde cada persona tiene un papel y donde la relación con la naturaleza sigue siendo parte de la vida cotidiana.

Cuando pienso en esta experiencia con un apicultor japonés en Nagano, recuerdo el olor de las abejas y la sensación de estar, aunque fuera por unos días, formando parte de algo mucho más simple y real que cualquier itinerario turístico. Y quizá por eso, tres años después, sigo sintiendo que fue una de las experiencias más especiales que he vivido viajando.

  • Shinano


    LOCALITY
  • Shinano, Kamiminochi District, Nagano, Japan
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