Hoy quiero presentaros un recorrido por Arita y Okawachiyama, donde solo hace falta caminar un poco para darse cuenta de que aquí todo gira alrededor de la cerámica. Talleres, pequeñas tiendas, fragmentos incrustados en el suelo o detalles en los edificios: poco a poco descubres que la porcelana forma parte del paisaje cotidiano.
La zona se encuentra en la prefectura de Saga, en la isla de Kyushu, al sur de Japón. Aunque esta isla no suele aparecer en muchos itinerarios de viajeros occidentales, es muy popular entre turistas asiáticos, especialmente de Corea del Sur, por su proximidad y por la historia compartida entre ambos países.
A mí me dejó huella por la cantidad de curiosidades y pequeños detalles que la hacen única.
Historia del valle de Arita y Okawachiyama
Una de las cosas que me sorprendió más es saber que la cuna de la porcelana japonesa tiene su origen en los alfareros coreanos.
A finales del siglo XVI, el shogún (gobernante japonés) Toyotomi Hideyoshi quiso conquistar Corea y, posteriormente, China, lanzando dos invasiones contra la península coreana, conocidas como las guerras Imjin. La campaña no salió bien para Japón y sus tropas tuvieron que retirarse.

Sin embargo, durante esas expediciones, muchos daimyo (señores feudales japoneses) capturaron a artesanos coreanos, especialmente alfareros y los trasladaron a Japón. Muchos de ellos acabaron en Kyushu, donde trajeron técnicas muy avanzadas que, con el tiempo, darían origen a algunas de las porcelanas más famosas de Japón.
En aquel momento, Japón todavía no sabía producir porcelana de alta calidad, mientras que Corea y China llevaban siglos haciéndolo. Además, el conocimiento no estaba escrito: se transmitía de maestro a aprendiz. En cierto modo, los artesanos eran tecnología. Y también poder.

Uno de estos alfareros coreanos fue Yi Sam-pyeong, quien descubrió cerca de Arita una piedra llamada caolín, esencial para fabricar porcelana. A partir de ese momento comenzaron a abrirse hornos y talleres en la zona, y Arita empezó a producir piezas que terminarían viajando por todo el mundo.
La porcelana japonesa viaja por todo el mundo
En sus inicios, estas piezas se fabricaban exclusivamente para la élite japonesa. Sin embargo, en el siglo XVII ocurrió algo inesperado: China dejó de exportar porcelana durante un tiempo debido a conflictos internos.
Europa, que dependía enormemente de esas importaciones para decorar palacios y mesas aristocráticas, tuvo que buscar nuevas alternativas. Fue entonces cuando la porcelana japonesa comenzó a exportarse masivamente desde el puerto cercano de Imari.

Durante décadas, muchas de las piezas que llegaban a Europa procedían precisamente de esta región de Kyushu, convirtiéndose en símbolos de estatus entre la aristocracia europea.
Santuario Tozan
El santuario Tozan, también llamado Santuario Sueyama (diferentes lecturas de los mismos kanjis), se encuentra en la zona de Arita y fue construido en honor al emperador Ojin y a Nabeshima Naoshige, daimyo del clan Nabeshima, responsable de traer a varios alfareros coreanos a la región.
Este santuario es uno de los más curiosos que he visto, principalmente porque muchos de sus elementos están hechos de porcelana. No podía ser de otra manera en una región como esta. Aquí se encuentra uno de los primeros torii de porcelana de Japón, algo bastante poco habitual.
Además, es uno de los lugares en Japón en los que el tren pasa entre los dos torii de entrada. Esto se debe a que el santuario existía antes de la construcción de las vías, así que cuando se trazó la línea ferroviaria, se decidió mantener el acceso original. Esto, si bien no es único en el país, tampoco es frecuente. La línea es la JR Sasebo, que rompe de vez en cuando el silencio de este lugar situado en una pequeña colina.

Mi recomendación es visitarlo al atardecer. Aunque oficialmente aparezca como “cerrado”, el ambiente cambia completamente con esa luz y tan poca gente alrededor.
Tōzan Shrine (Sueyama Shrine)
ESTABLISHMENT PLACE_OF_WORSHIP POINT_OF_INTEREST- 2-chōme-5-1 Ōdaru, Arita, Nishimatsuura District, Saga 844-0004, Japan
- ★★★★☆
Okawachiyama, cerámica política
En el pequeño pueblo de Okawachiyama la producción de porcelana estuvo durante siglos muy controlada. Durante el dominio del clan Nabeshima, la porcelana producida aquí estaba destinada principalmente a los señores feudales y al shogunato. Por eso hoy existen relativamente pocas piezas antiguas: la producción era limitada y muy exclusiva.
Los artesanos tenían prohibido enseñar las técnicas fuera del valle y el acceso estaba vigilado con guardias. El objetivo era evitar que el conocimiento se difundiera. Además, cualquier pieza defectuosa se destruía inmediatamente. El prestigio de esta porcelana debía mantenerse intacto: ninguna pieza mediocre podía llegar al shogunato.

Otro detalle curioso es que los hornos se construían fuera del pueblo, en la ladera de la montaña. Esto reducía el riesgo de incendios y, al mismo tiempo, ayudaba a mantener cierta discreción sobre el proceso de producción. Muchos de estos hornos eran noborigama, hornos escalonados que ascienden por la montaña y permiten cocer grandes cantidades de piezas, utilizando el calor que va subiendo por las diferentes cámaras.
Nada más entrar al pueblo, la obsesión por la porcelana vuelve a aparecer. El puente de entrada ya está decorado con este material, y a lo largo del camino comienzas a encontrar detalles por todas partes. Fragmentos incrustados en el suelo, pequeños adornos en los muros o piezas reutilizadas en los edificios.
Las piezas defectuosas que se rompieron hace siglos siguen aquí, formando parte del paisaje. Bajo tus pies. Pero es importante recordar que no se pueden retirar fragmentos, ya que hablan de la historia del lugar.
Mientras caminas por el pueblo, se escucha el sonido constante del arroyo. El agua era esencial para trabajar la arcilla y limpiar las piezas, por lo que Okawachiyama está lleno de pequeños canales. Junto al sonido del agua vas a recorrer las calles, llenas de tiendecitas con cientos de piezas de cerámica. Muchas de ellas siguen siendo talleres familiares, donde aún hoy se pueden ver piezas secándose en estanterías o escuchar el sonido de la cerámica al ser golpeada suavemente para comprobar su calidad.
Si vienes de una ciudad grande, como me ocurrió a mí al llegar desde Fukuoka, el contraste es enorme.
Okawachiyama Village
ESTABLISHMENT- Otsu-1848 Ōkawachichō, Imari, Saga 848-0025, Japan
- ★★★★☆
Cómo llegar hasta Arita y Okawachiyama
Para una excursión de un día desde Fukuoka, puedes tomar un Limited Express desde la estación de Hakata hasta Arita, un trayecto de aproximadamente una hora y media. Desde la estación de Arita se puede caminar unos 30 minutos hasta el santuario Tozan.
Sin embargo, llegar a Okawachiyama en transporte público es un poco más complicado, ya que normalmente hay que combinar trenes y autobuses, dependiendo de los horarios. Por ejemplo, puedes tomar la línea JR Sasebo hasta la estación Mikawachi y tomar autobuses locales desde allí, aunque las frecuencias no siempre son muy cómodas. Antiguamente, la ubicación de Okawachiyama no aparecía claramente señalada en los mapas para mantener cierto secreto, y hoy en día es posible visitarla, pero sigue sin ser sencillo. Al final, parte del encanto de este valle es precisamente su ubicación escondida entre montañas.
Por eso, si quieres explorar la zona con más libertad, mi recomendación es alquilar un coche. Fue lo que yo hice, y me permitió moverme con mucha más facilidad entre Arita, Okawachiyama y otros pequeños pueblos de la región.

Llegar hasta aquí puede requerir algo más de planificación que otros destinos de Kyushu, pero precisamente por eso la visita tiene algo especial. Arita y Okawachiyama siguen siendo lugares donde la historia, la artesanía y la tranquilidad del paisaje se mezclan de una forma difícil de encontrar en otras partes de Japón. Quizá por eso, cuando finalmente llegas, da la sensación de haber descubierto uno de esos lugares que Japón parece guardar un poco en secreto.