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Es imposible esquivar las evocaciones cyberpunk o sci-fi cuando estás delante del legendario Nakagin Capsule Tower. Es uno de los edificios de Tokio que más pasiones ha levantado en Japón y el resto del mundo entre los aficionados a la arquitectura, no sólo por su estética poco convencional sino también por el caudal de planteamientos innovadores que tiene detrás. Su construcción en 1972 a partir del radical diseño del arquitecto Kisho Kurokawa causó sensación desde el primer momento. Es uno de los mayores estandartes de la arquitectura del Metabolismo y un icono cultural por sí mismo.

Y muy probablemente, tenga los días contados.

El edificio Nakagin Capsule Tower en Tokio
El edificio Nakagin Capsule Tower en Tokio es uno de los mayores estandartes de la arquitectura del Metabolismo.

Nakagin Capsule Tower, de cápsulas y hombres

A casi 50 años de su construcción, un puñado de residentes libran una cruzada quijotesca en la que el valor cultural del patrimonio histórico se enfrenta al beneficio económico inmediato. Lo que fuera un portento de la innovación y el diseño, sobrevive hoy en día a duras penas en medio de problemas económicos y estructurales. Pero ellos siguen viviendo aquí dentro en un acto de militancia y amor incondicional a este edificio a pesar de todos los inconvenientes. La importancia de lo que simboliza este edificio es más grande.

Situémonos en los años 50 y 60 en Japón. El fénix está renaciendo de sus cenizas, son años de gran dinamismo cultural. El rápido crecimiento económico trae consigo migraciones masivas del campo a las grandes ciudades en medio de profundos cambios sociales. El país es un lienzo en blanco, un laboratorio de ideas y un campo abierto de oportunidades en el que un grupo de locos utópicos querían cambiar el mundo a través de un nuevo urbanismo.

En teoría, las 140 cápsulas del edificio debían ser reemplazadas cada 20-25 años. Kurokawa había concebido el edificio como una metáfora de una estructura orgánica con capacidad para renovarse y evolucionar. Cada cápsula consiste en un diminuto habitáculo de 10m2, cuyo mobiliario estaba diseñado para optimizar al máximo el pequeño espacio, incluyendo electrodomésticos punteros para la época. Eran componentes independientes que podían ser modificados o retirados para ajustarse a las demandas de profesionales en movimiento. Las cápsulas carecían de cocina, reforzando la idea de que no estaban destinadas a ser viviendas permanentes. Sus instalaciones eran más parecidas a algo a medio camino entre un apartahotel y un espacio de co-working. Los residentes contaban con servicio de habitaciones y secretarias a su disposición, además de una cafetería que solía estar en la 2da planta.

Vista interior de Nakagin Capsule Tower
El interior de una cápsula del Nakagin Capsule Tower.

En la práctica, la ejecución del concepto terminó siendo más problemática. Los habitantes de la torre se dieron cuenta de que para reemplazar una sola cápsula, era necesario retirar todas las que tenía encima. Coordinar algo así con los vecinos de hilera terminó siendo tan complicado que al final ni una sola cápsula fue renovada de acuerdo al plan. Como resultado, la falta de mantenimiento unida al desgaste del paso del tiempo dio al traste con el sueño utópico. La humedad y las goteras son un problema frecuente en todas las unidades. Desde 2010, tras un grave fallo en una de las tuberías que fue imposible de reparar por motivos estructurales, el edificio quedó sin acceso a agua caliente. Tras el terremoto de 2011 fue necesario además cubrir el edificio con una malla de seguridad para proteger a los peatones de piezas que podían caer a la calle. 

Desde un punto de vista económico, los elevados costes de reparación no justifican su supervivencia. Se estima que el coste de renovación de cada cápsula puede ascender hasta los 10 millones de yenes (unos 75mil euros). Su ubicación en Ginza también convierte al terreno en un lugar muy atractivo para hacer nuevas inversiones. No hace falta explicar cuál es la consecuencia lógica.

Y sin embargo ahí sigue contra todo pronóstico. Se suponía que iba a ser demolido en 2007 después de detectar amianto en su estructura, pero irónicamente fue salvado por la crisis financiera global de 2007-2008. La empresa que se iba a encargar de su demolición entró en bancarrota. Desde entonces, su situación permanece en un limbo de incertidumbres, a la par que residentes y activistas hacen todo el ruido posible. Multitud de propuestas están en la mesa y diversos proyectos se han llevado a cabo para que no caiga en el olvido. 

Fachada de Nakagin Capsule Tower
El retrato del arquitecto Kisho Kurokawa adorna la ventana de una de las cápsulas.

¿En qué estado se encuentra Nakagin Capsule Tower actualmente?

En torno a unas 40 cápsulas siguen estando habitadas, mientras que otras tantas se usan como oficina. La mayoría de sus usuarios son artistas o arquitectos pero también hay profesionales de todo tipo. Uno de sus residentes, Tatsuyuki Maeda, se encuentra al frente del Nakagin Capsule Tower Preservation and Restoration Project, un esfuerzo colectivo y multidisciplinar dedicado a salvar el edificio a través de propuestas de reutilización de los espacios y campañas de marketing para el reconocimiento del edificio como patrimonio cultural. Maeda empezó a adquirir cápsulas en 2010 y en la actualidad es propietario de 15 de ellas, algunas de las cuales tiene alquiladas a otros residentes.

Por momentos el fin pareció estar cerca en 2018, cuando el grupo Nakagin vendió la gestión de la propiedad y los terrenos a un fondo inmobiliario que tenía claras intenciones de recuperar la inversión. Las Olimpiadas de 2020 estaban en el horizonte y la capital nipona era (aún más) un hervidero de nuevas construcciones, aunque también había negociaciones sobre la mesa con una empresa extranjera no identificada que parecía interesada en la posible conservación del edificio. La pandemia lo hizo volar todo por los aires, incluyendo las esperanzas de Maeda de presentar el edificio en una conferencia internacional de arquitectura que se tenía que haber celebrado en Tokio en septiembre del año pasado, lo cual también habría servido de impulso para su conservación.

Otro de los esfuerzos de conservación de Nakagin Capsule Tower está a cargo del proyecto Nakagin Capsule Tower Building A606 Project, dirigido por la arquitecto Akiko Ishimaru, quien ha restaurado su cápsula como si estuviera recién hecha, incluyendo el funcionamiento de todos los electrodomésticos de la época. La cápsula funciona actualmente como oficina compartida, aunque también es posible contactarles en caso de querer hacer una visita guiada en japonés. En caso de que la demolición del edificio finalmente se lleve a cabo, el objetivo es retirar dicha cápsula y poder preservarla para la posteridad.

Para quienes no entiendan japonés, también existe (aún) la posibilidad de hacer una visita guiada en inglés a través de Showcase Tokyo, una agrupación de guías entusiastas de la arquitectura, que además de ofrecer visitas en la torre Nakagin, también realiza visitas en otros puntos destacados de la arquitectura contemporánea de Tokio.

El futuro del edificio se encuentra ahora mismo en animación suspendida, mientras sus defensores están en una carrera contra reloj para evitar su desaparición. Es difícil cuantificar la influencia tan grande que este movimiento y este edificio ha tenido en el paisaje urbano japonés, más allá de los fallos de implementación. No en balde, su arquitecto también fue el artífice del primer hotel cápsula, el Capsule Inn en Osaka que aún sigue en funcionamiento manteniendo el diseño original. Este tipo de hotel sigue gozando de gran popularidad en todo Japón entre locales y extranjeros por igual. De igual forma, las ideas que formulaba hace décadas parecen casi proféticas, dado que parecen aún más relevantes a día de hoy:

La movilidad que caracteriza a la sociedad moderna no puede explicarse simplemente en términos de desarrollo del transporte. El hecho es que en nuestra sociedad de la información, la movilidad ha empezado a tener un valor considerable por sí misma. Es la elección lo que hace posible el movimiento. Según sus propias inclinaciones y valores, ahora puede elegir cosas que no se encuentran en el lugar donde nació. La gente de hoy considera la disponibilidad de opciones como una de las riquezas de la vida: “una riqueza de opciones”. La ciudad del futuro, mientras seguimos evolucionando hacia una sociedad de la información, debe ser una ciudad que garantice la libertad de elección y que tome medidas positivas para hacer posible el movimiento.

Una teoría de Ciudades Red para la Era del Homo Movens – Kisho Kurokawa, 1969

¿Cuándo surgió la arquitectura del Metabolismo en Japón?

El Metabolismo fue un rompedor movimiento arquitectónico japonés que sorprendió a los arquitectos de todo el mundo en los años 60 y 70. Dentro del contexto de la arquitectura de posguerra en Japón, los metabolistas buscaron ofrecer una respuesta integral no sólo a la reciente devastación atómica sino también a la propensión del archipiélago a los desastres naturales. Heredero espiritual del Congreso Internacional de Arquitectura Moderna, muchas de sus ideas e influencias, como el modernismo o el brutalismo, fueron sintetizadas por Kenzo Tange, quien para entonces ya era una de las figuras más prominentes a nivel internacional de la arquitectura japonesa.

El debut oficial del movimiento fue durante el Tokyo World Design Conference en 1960. Tange fue el mentor de un grupo de jóvenes y prometedores estudiantes de arquitectura, entre los que destacaban Kisho Kurokawa, Kiyonori Kikutake y Fumihiko Maki, además de diseñadores como Kiyoshi Awazu o el crítico Noboru Kawazoe, entre otros. Así iniciaban el planteamiento de su manifiesto: 

Metabolismo es el nombre del grupo, en el que cada miembro propone nuevos diseños de nuestro mundo venidero a través de sus diseños e ilustraciones concretas. Consideramos la sociedad humana como un proceso vital, un desarrollo continuo desde el átomo hasta la nebulosa. La razón por la que utilizamos una palabra tan biológica, metabolismo, es que creemos que el diseño y la tecnología deben ser una denotación de la sociedad humana. No vamos a aceptar el metabolismo como un proceso natural, sino que tratamos de fomentar el desarrollo metabólico activo de nuestra sociedad a través de nuestras propuestas.

Se entiende de esta forma que el movimiento no estaba limitado a la dimensión estética o puramente arquitectónica. Englobaba también concepciones filosóficas relativas a su concepción sobre la mejor forma de desarrollo social. Metabolismo es la traducción de shinchintaisha (新陳代謝), que no es sólo una alusión a sus ideales de crecimiento orgánico y sostenible sino también al concepto espiritual en el contexto del budismo, sobre las posibilidades de renovación y regeneración. 

¿Dónde podemos encontrar arquitectura del Metabolismo en Japón?

Aunque Nakagin Capsule Tower es el exponente más célebre del movimiento, también hay otras edificaciones de otros arquitectos vinculados al Metabolismo que aunque comparten ideas en común, muestran aspectos individuales de cada uno de sus diseñadores. Podéis consultar la localización de cada edificio en el mapa que se encuentra al final del artículo.

Kenzo Tange

El indiscutible padre espiritual del Metabolismo y uno de los arquitectos japoneses más destacados del siglo XX.

Kiyonori Kikutake

Parte del grupo fundador del Metabolismo y figura destacada gracias a sus ideas innovadoras en cuanto a esquemas de urbanismo.

Fumihiko Maki

Aún en activo, a lo largo de su carrera se ha caracterizado por la fusión de la tradición modernista con la japonesa en cada una de sus obras.

Podemos ver por lo tanto, que la influencia de Nakagin Capsule Tower y el Metabolismo como movimiento arquitectónico en Japón, perdura hasta nuestros días a través de sus planteamientos estéticos y conceptos tales como el fomento de la movilidad o el crecimiento sostenible.

Toshiko Sakurai

Toshiko Sakurai

Disparo (¡con mi cámara!), luego existo. Pinto con luz y junto letras como buenamente puedo. Llegué a Tokio desde Barcelona en otoño de 2017 y desde entonces me dedico a capturar rincones de la ciudad a bordo de mi bicicleta. Cuando no llevo la cámara encima, acostumbro desafiar la ortodoxia culinaria mezclando estilos de todos los lugares donde he vivido.

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