Confieso que durante años pasé de largo frente a Sankeien. Yokohama siempre me ha gustado; su barrio chino, el puerto, las calles con aroma a otra época, pero este jardín quedaba perpetuamente relegado a “cuando tenga tiempo”. Fueron las obligaciones laborales las que me arrastraron allí, primero una vez, luego otra. Y fue estudiando su historia, casi por obligación, cuando descubrí algo que cambió mi percepción: en 1906, Hara Sankei abrió este jardín al público por convicción propia. No porque fuera un templo, ni por presión oficial, sino porque creía que un lugar así debía compartirse.
Japón contaba ya con algún que otro precedente de espacios concebidos para el disfrute colectivo, como el Parque Nanko o Kairakuen, pero en su mayoría, los grandes jardines japoneses seguían siendo espacios exclusivos, generalmente ligados a la aristocracia, instituciones religiosas o residencias imperiales. Sankei, entonces, se entiende mejor como un espacio casi revolucionario. Y eso es lo que hace que este jardín valga la pena: la belleza del espacio se eleva gracias a la visión y el compromiso cívico de su fundación.
- Yokohama, puerto, seda y transformación: el mundo en el que nace Sankeien
- Hara Sankei, empresario moderno, hombre del té y mecenas
- Su construcción: patrimonio reubicado, paisaje creado
- Un jardín habitado por el arte: Sankeien como salón cultural de la modernidad
- Guerra, reconstrucción y legado: lo que significa hoy
- Cómo llegar a Sankeien
Yokohama, puerto, seda y transformación: el mundo en el que nace Sankeien
Sankeien no apareció de la nada. Nació en la Yokohama del boom sedero. Cuando Japón abrió sus puertos en 1859, Yokohama explotó. Seda japonesa salía por toneladas hacia Europa y Estados Unidos, y la ciudad creció alrededor de ese comercio: muelles, almacenes, fortunas levantadas en una generación. Hara Sankei fue uno de esos empresarios. Entró en la familia Hara por matrimonio, modernizó el negocio de la seda y lo convirtió en imperio exportador.
Sankei era un comerciante astuto, pero también creía que el éxito empresarial implicaba responsabilidad cívica. Cuando el Gran Terremoto de Kanto de 1923 arrasó Yokohama, lideró la reconstrucción. Cuando tuvo dinero, lo invirtió en arte, en patrimonio, en crear espacios que pudieran compartirse.
Sankeien es el resultado de esa visión: un jardín nacido en una ciudad transformada por el comercio global, creado por alguien que entendía la riqueza como algo más que una cuenta bancaria.
Hara Sankei, empresario moderno, hombre del té y mecenas
Hara Sankei fue muchas cosas: empresario sedero, mecenas de artistas, maestro del té, líder cívico. Lo interesante no es la lista, sino cómo unió todo en un mismo proyecto. Además de sus ya mencionadas facetas empresariales y cívicas, tuvo un papel cultural clave apoyando a pintores del Nihon Bijutsuin, el movimiento que renovó la pintura japonesa moderna, con becas, compras de obra y, crucialmente, espacio físico donde trabajar. Su residencia, Kakushokaku, funcionó como salón cultural donde figuras como Yokoyama Taikan y Maeda Seison se alojaban, estudiaban y creaban.
A eso se sumaba su papel en el mundo del té. Sankei fue reconocido entre los grandes maestros del chanoyu de la modernidad japonesa, y la ceremonia del té atraviesa todo el diseño de Sankeien.
El jardín empieza a cobrar sentido aquí: no es solo un espacio bonito, sino el lugar donde Sankei reunió negocio, cultura, hospitalidad y patrimonio en una sola obra.
Su construcción: patrimonio reubicado, paisaje creado
Sankeien no surgió de una sola vez, sino mediante un proceso largo y muy consciente. En 1902, Hara Sankei trasladó la residencia principal de la familia a Honmoku Sannoya y levantó Kakushokaku, punto de partida del futuro conjunto. Tres años más tarde, en 1905, envió jardineros a la región de Kansai para estudiar técnicas y referencias paisajísticas, y a su regreso comenzó la fase de creación propiamente dicha.
A partir de entonces, el jardín fue creciendo por etapas: la pagoda de tres pisos llegó en 1914 desde el templo Tomyoji en Kioto, la compleja reubicación de Rinshunkaku arrancó en 1915 y concluyó en 1917, y en 1922 se incorporaron Choshukaku y Shunsoro, las últimas grandes adiciones del proyecto. La culminación simbólica llegó en abril de 1923, con una gran reunión de té para celebrar la finalización del nai-en, o jardín interior (originalmente privado), en comparación con el gai-en o jardín exterior, el cual era completamente público desde 1906.
Lo que da coherencia a todo ese proceso es la manera en que Sankei trabajó el lugar como una composición unitaria. En los 175.000 metros cuadrados del recinto, de relieve ondulado, las construcciones históricas fueron situadas con sumo cuidado para dialogar con estanques, caminos, desniveles y masas vegetales. De ahí la importancia de la división entre gai-en e nai-en: el primero propone un paseo amplio, articulado por vistas abiertas y por la presencia dominante de la pagoda; el segundo concentra una experiencia más íntima, donde la arquitectura antigua organiza la percepción del paisaje con una delicadeza casi escénica.
Edificios destacados en Sankeien
Para los aficionados a la arquitectura como servidora, Sankeien es un espacio maravilloso para explorar una rica selección de edificios históricos procedentes de distintas partes del país. Sería demasiado largo hablar de todos ellos (los cuales puedes consultar aquí), pero de muestra, estos son los imprescindibles:
La pagoda de tres pisos, procedente del antiguo templo budista Tomyoji (construida en 1457, trasladada en 1914), funciona como el gran hito del jardín. Sankei la situó de manera intencional sobre una colina en el gai-en para que organizara las perspectivas desde múltiples puntos del recinto. Cuando caminas por el jardín exterior, la ves constantemente: desde el estanque, desde los senderos, siempre presente como ancla visual.
Rinshunkaku, en el nai-en, es otra historia. Esta villa, vinculada a la casa Tokugawa de Kii, fue recibida por Sankei en 1906, pero no se reubicó hasta 1917, requiriendo once años de estudio para determinar exactamente cómo debía situarse en relación al estanque, al agua, a las vistas interiores. El resultado es un edificio de tres alas que parece haber estado siempre ahí, integrado completamente en el paisaje circundante.
Kakushokaku, la residencia que Sankei construyó en 1902, completa el conjunto frente al estanque principal. Edificio amplio, restaurado a su forma original a finales del siglo XX, que además de servir como residencia familiar funcionó como salón cultural para los artistas que Sankei patrocinaba.
En 2007, Sankeien fue designado Lugar de Belleza Escénica, reconocimiento que subraya lo singular de su propuesta: no se trata solo de conservar edificios históricos valiosos, sino de hacerlos trabajar juntos dentro de un paisaje cuidadosamente editado. Sankeien no es un museo al aire libre donde se colocaron piezas antiguas al azar. Es arquitectura y naturaleza pensadas como una sola experiencia.
Un jardín habitado por el arte: Sankeien como salón cultural de la modernidad
Si Sankeien fue concebido como espacio donde el patrimonio, la creación artística y la vida cultural pudieran convivir, la ceremonia del té completaba esa visión. Sankei fue reconocido como uno de los grandes maestros del chanoyu de su generación, y el jardín entero está diseñado con esa sensibilidad: caminos que preparan la mente antes de llegar a las salas de té, arquitectura que enmarca vistas como si fueran composiciones deliberadas, espacios que invitan al silencio y la contemplación.
En abril de 1923, justo antes del terremoto que devastaría Yokohama, Sankei organizó la Dai shikai chakai, una gran reunión de té que desplegó ceremonias por todo el recinto. Maestros del té, coleccionistas, artistas, todos circulando entre edificios históricos, salas temporales y rincones del jardín convertidos en espacios ceremoniales. Fue la culminación simbólica del proyecto: un lugar donde negocio, arte, hospitalidad y sensibilidad estética se reunían en una sola obra, un salón cultural a escala de paisaje.
Guerra, reconstrucción y legado: lo que significa hoy
Hara Sankei murió en 1939, justo antes de que la Segunda Guerra Mundial arrasara buena parte de lo que había construido. Los bombardeos estadounidenses de 1945 golpearon Yokohama con dureza, y Sankeien no quedó al margen: Kakushokaku sufrió daños graves, otras estructuras se deterioraron, el jardín quedó marcado por la destrucción.
Tras la guerra, la familia Hara donó Sankeien a la ciudad de Yokohama. Era una decisión lógica y, en cierto modo, inevitable: mantener un jardín de esa escala requería recursos que la familia ya no tenía, y el gesto de Sankei de abrirlo al público desde 1906 pedía una continuidad institucional. La ciudad asumió la gestión, las restauraciones comenzaron.
A finales del siglo XX, Kakushokaku fue restaurado según su disposición original. Otros edificios siguieron procesos similares de recuperación, algunos más exitosos que otros. El jardín que visitamos hoy es, en parte, reconstrucción: capas de restauración sobre capas de historia.
Pero Sankeien no quedó congelado como reliquia. Sigue siendo un espacio vivo: se celebran ceremonias de té, se organizan exposiciones temporales, los cerezos siguen floreciendo cada primavera y atrayendo multitudes. El proyecto de Sankei — patrimonio compartido, espacio cultural abierto — continúa funcionando más de un siglo después.
Cómo llegar a Sankeien
Sankeien se encuentra en la zona sur de Yokohama, y el acceso habitual se hace en tren más autobús. Para la mayoría de visitantes, la ruta más sencilla suele ser llegar a la estación JR Negishi y tomar la línea 54 de autobús municipal, que tiene parada justo delante de la estación. Después de 6 paradas, basta con bajar en Sankeien-minami-mon-iriguchi, la cual se encuentra frente a la entrada de los jardines.
Quien prefiera ir en coche tiene aparcamiento junto a la puerta principal, aunque hay que tomar en cuenta que en temporadas altas como durante la floración de los cerezos o en otoño para ver el momiji, o durante las aperturas nocturnas, suele haber bastante afluencia, por lo que siempre será más recomendable el transporte público en estos casos.
Sankeien no va a cambiar tu vida. No es Kioto, no es el Jardín Kenrokuen, no es ninguno de esos lugares que salen en todas las listas de “imprescindibles en Japón”. Es solo un jardín en Yokohama donde un empresario del siglo XX decidió emplear su fortuna en algo más útil que otra mansión privada o afianzar un monopolio. Y donde, más de cien años después, todavía puedes entrar libremente y caminar entre edificios que han sobrevivido a terremotos, guerras y el simple paso del tiempo.
¿Es extraordinario? Sí. ¿Vas a ir? Probablemente no, pero ojalá que sí tras leer estas líneas. El común de los mortales seguirá yendo a los mismos tres lugares de siempre en Yokohama, lo cual en cierto modo convierte la experiencia de Sankeien en algo aún más especial. Aprovecha la tarde de un día soleado y dedícale unas pocas horas, prometo que no arrepentirás.
Jardines Sankeien
ESTABLISHMENT- 58-1 Honmokusannotani, Naka Ward, Yokohama, Kanagawa 231-0824, Japan
- ★★★★☆
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