Saltar al contenido principal

Kakunodate en primavera: cuando el pueblo samurái florece

Akita FEATURED Flores de cerezo Lugares Históricos Primavera
i
Añadir este artículo a tu lista personal

Quizás no te suene el pueblo de Kakunodate, pero este antiguo remanso samurái es muy conocido entre los japoneses. El año pasado lo añadí a mi itinerario de sakura por Tohoku, y fue mi última parada antes de volver a casa.

Cuando regresé a Tokio y conté a varias personas japonesas que había estado viajando por el norte del país, cada vez que mencionaba Kakunodate en primavera, sus ojos se abrían de par en par y exclamaban un típico “oh, sugoi”. Les sorprendía que una extranjera conociera ese lugar… y más aún que hubiera podido visitarlo durante la floración de los cerezos.

Lo que ellos no saben es que descubrí Kakunodate gracias a Voyapon. A lo largo de los años, además de trabajar aquí, también he encontrado muchas ideas de viaje como me pasó ya con Uchikawa en Toyama.

Tengo la sensación de que visitar Kakunodate es un acierto en cualquier estación. Pero en esta ocasión te voy a contar cómo fue mi experiencia visitándola a mediados de abril.

Dirección al barrio samurái de Kakunodate

En este artículo no quiero extenderme demasiado en la parte histórica, porque Todd ya lo hizo perfectamente en el suyo. Pero para resumirlo: durante el período Edo, Kakunodate fue un punto importante en el norte de Japón. Con más de 240 residencias samuráis, llegó a ser una ciudad considerable, aunque hoy en día solo queda una parte de aquel antiguo esplendor. Aun así, se ha preservado una larga calle con antiguas residencias samuráis que merece muchísimo la pena recorrer.

Cuando llegues a la pequeña estación de Kakunodate, tendrás que caminar unos 20 minutos hasta la zona histórica. Pero ya en la propia estación puedes ver algunos cerezos y visitar el Centro Turístico de Kakunodate. Siempre intento pasar primero por la oficina de turismo cuando llego a un lugar nuevo: nunca se sabe qué información interesante puedes encontrar… o si tendrán algún sello bonito para mi libreta.

Ver detalles
i
Guardar este lugar para más tarde

Kakunodate en primavera: la calle Bukeyashiki

Llegar a la calle principal es muy sencillo. Durante la temporada de floración, además, el camino está marcado por los shidarezakura, los cerezos llorones de tonos rosados que son uno de los símbolos de Kakunodate. Cuando llegué, sin embargo, me llevé una pequeña decepción: los cerezos todavía no habían florecido del todo.

Calle florecida en Kakunodate en primavera

Este es uno de los grandes riesgos de viajar durante la temporada de sakura, y por eso siempre lo digo: nunca planifiques un viaje a Japón pensando únicamente en la floración. Es caprichosa, cambiante y, por mucho que existan predicciones, nunca se puede acertar al cien por cien.

En mi caso había estado viajando cinco días por Yamagata, Miyagi, Iwate y Akita. En las tres primeras prefecturas coincidí con el pico de floración, e incluso en algunos lugares los cerezos ya empezaban a perder pétalos. Pero en Akita todavía faltaba alrededor de una semana.

Aun así, no importa demasiado. Esta calle majestuosa merece ser visitada con nieve, con sakura o incluso con los árboles completamente desnudos. El ambiente sigue siendo impresionante, y muchas de las casas samuráis pueden visitarse por dentro.

  • Kakunodate Samurai Residence Street


    ESTABLISHMENT
  • Japan, 〒014-0332 Akita, Semboku, Kakunodatemachi Higashikatsurakuchō, 角館町東勝樂丁 角館町表町上丁
Ver detalles
i
Guardar este lugar para más tarde

Conociendo los perros akita más famosos de Kakunodate

Uno de los motivos por los que quería ir a Kakunodate en primavera era para alojarme en Einishi Musubi, un homestay regentado por una pareja que convive con dos enormes perros Akita.

Por desgracia, la temporada del alojamiento todavía no había empezado. Pero había una pequeña posibilidad de conocerlos: en algunos días concretos, cuando los dueños están en casa, permiten a los visitantes acercarse y ver a los perros durante un rato.

Confieso que al principio tenía cierto miedo de encontrarme con un lugar lleno de gente, con los perros convertidos en simple atracción turística.

Pero los dueños son muy conscientes del bienestar de sus animales y dejan entrar a los visitantes poco a poco. Los perros pasean tranquilamente por la casa y se acercan con curiosidad. Me sorprendió especialmente el tamaño de sus patas: parecían pequeños lobos gigantes cubiertos por un esponjoso y duro pelaje.

El parque de Hinokinaigawa, donde se supone que hay cerezos…

… porque yo, en ese momento, apenas vi ninguno.

Toda la zona estaba todavía a punto de estallar. Lo que unas semanas después sería un impresionante túnel de kilómetros de cerezos Somei Yoshino, en ese momento tenía un aire casi fantasmal. Los árboles desnudos, con algunas flores tímidas, daban al paisaje un aspecto que me recordó un poco a una película de Tim Burton.

Río con sakura en Kakundate en primavera
En la foto parece que esté florecido pero cuando te acercabas te dabas cuenta de que aún le faltaba al menos una semana

Aun así, paseé tranquilamente por allí y descubrí algunos ángulos para mis fotos donde parecía estar ya florecido. En un momento incluso me entrevistaron unos estudiantes de un colegio de la zona, algo bastante habitual en los lugares turísticos: los profesores aprovechan para que los estudiantes practiquen su inglés con visitantes extranjeros.

Para endulzar un poco la decepción floral, terminé entrando en una cafetería junto al río. Desde la ventana imaginaba cómo se vería ese mismo paisaje dos semanas después, completamente cubierto de sakura. Pedí un set de pastel y té, y me quedé allí un buen rato descansando.

Las cafeterías en zonas rurales tienen una atmósfera muy distinta a las de Tokio: silenciosas, un poco rococó, con una decoración que parece detenida en el tiempo y un personal amabilísimo que a veces te mira con cierto nerviosismo, temiendo cometer algún error en inglés.

Ver detalles
i
Guardar este lugar para más tarde

Un estofado delicioso y el famoso kiritanpo

Más tarde regresé a la calle principal, pero a esa hora, sorprendentemente, estaba llena de gente. Sobre todo había, como yo lo apodé, de “inserso japonés”: grandes grupos de jubilados japoneses viajando en autobuses organizados, moviéndose de un lado a otro con más energía que yo y colocándose justo en medio de todas las fotos (sospecho que eso es algo bastante universal). 

Para evitar la frustración, decidí ir a comer al restaurante Asobi-an, regentado por una pareja mayor. Era un lugar pequeño y tuve que esperar un poco para sentarme; me pidieron paciencia. Pero ese día lo había reservado únicamente para Kakunodate, así que no tenía ninguna prisa.

Había visto en el menú un estofado que me había llamado la atención y no me equivoqué. Estaba delicioso. Felicité al cocinero mientras uno de los clientes iniciaba una conversación conmigo en inglés, sorprendido de ver a una extranjera en ese restaurante.

  • Asobi-an


    ESTABLISHMENT
  • Japan, 〒014-0323 Akita, Semboku, Kakunodatemachi Yokomachi, 17−2
Ver detalles
i
Guardar este lugar para más tarde

Más tarde, cuando los grupos organizados ya habían vuelto a sus autobuses, regresé a la calle principal para seguir paseando, tomar mi foto número quinientos del día y probar otra especialidad local: el kiritanpo.

Este plato tradicional, del que mi compañero Joachim Ducos explicó su elaboración en otro artículo, consiste en arroz machacado y asado sobre un palo. Comer uno mientras observas la calle samurái es uno de los pequeños placeres que descubrí en ese viaje. 

Vuelta a Tokio, vuelta a la realidad

Quería esperar a que cayera la tarde para ver las iluminaciones nocturnas. Pero aquel día estaba nublado y hacía más frío de lo esperado. Así que decidí tomar el Akita Shinkansen de regreso a Tokio, un viaje de apenas tres horas.

Volver significaba despedirme de los cerezos un año más. Después de todo, el norte de Japón es la última región donde florecen. En Tokio me esperaba mi rutina habitual, que no es desagradable ni mucho menos… pero en ese momento ya no habría sakura.

Después de visitar Kakunodate en primavera, me encantaría verla también en todas las demás estaciones. No sé si algún día conseguiré cumplir ese pequeño sueño, pero al menos ya puedo decir que he visto florecer, aunque fuera un poco antes de tiempo, este hermoso pueblo samurái.

i
Añadir este artículo a tu lista personal