El cambio estacional en Japón no es algo que se aprecie únicamente en los colores de la vegetación, la temperatura o las capas de ropa. Su principal manifestación se encuentra en la oferta gastronómica, la decoración callejera y de forma particularmente conspicua, en sus promociones comerciales. Para los despistados como yo, consultar el frapuccino de promoción es más útil que mirar el calendario para saber en qué época estamos.

Es de esta forma que cuando las temperaturas empiezan a bajar y me arrepiento de haber salido de manga corta al atardecer; cuando empiezo a ver calabazas y telarañas por doquier, adecuadamente coordinadas con tonos negros, naranja y violeta… Es cuando caigo en la cuenta de que el verano se ha acabado y ya ha empezado la temporada de Halloween en Japón.

Sí, he dicho temporada. Para quienes no estén muy al tanto de las particularidades culturales niponas, la celebración de Halloween en Japón puede llevar muy fácilmente al despiste. En buena parte del occidente anglosajón, la víspera de Todos los Santos suele consistir en varias prácticas que combinan tradiciones paganas y cristianas. Pero el remix japonés emplea la forma y deja atrás la sustancia.

Al igual que sucede con la Navidad o San Valentín, Halloween es una festividad que ha sido importada con fines estrictamente comerciales. Así, aterriza en Japón totalmente desvinculada de su trasfondo cultural para quedar limitada a su dimensión estética. Paulatinamente, se va transformando en algo que aunque no lo parezca, en realidad es algo exclusivamente japonés.

Harajuku como punto de partida

La compleja relación cultural entre Japón y Estados Unidos tras la segunda guerra mundial ayudó a difundir múltiples aspectos de la cultura popular estadounidense. Aunque se ignorara el origen, algunas de sus prácticas más llamativas como los disfraces no eran del todo desconocidas entre los nipones. Pero no fue hasta los años 70, cuando la cadena de jugueterías Kiddy Land empezó a vender artículos relacionados con la temática de Halloween en su emblemática tienda de Harajuku (原宿), que se empezó a ver su potencial filón comercial. 

En octubre de 1983, la tienda dio un paso más allá e impulsó el primer desfile de Halloween documentado en Japón. El llamado “Hello Halloween Pumpkin Parade” transcurrió a lo largo de la avenida Omotesando de Harajuku. Su éxito hizo que se fuera repitiendo cada año hasta la época actual, con la progresiva incorporación de más comercios a esta iniciativa. Namco, emblemático desarrollador japonés de videojuegos, tampoco perdió la oportunidad de subirse al carro durante la década de los 90 en su parque temático de Tokio NAMCO Wonder Eggs, hasta su cierre en el año 2000.

Halloween en Japón: el salto a la cultura de masas

Una vez verificado que no pinchara el globo sonda inicialmente lanzado en Harajuku, dos gigantes mediáticos terminaron de establecer a lo grande la noche de brujas en Japón. Disneyland Tokyo empezó a organizar eventos y desfiles de Halloween como parte de su temporada de otoño desde 1997 y Universal Studios hizo lo propio en su parque temático de Osaka a partir de su construcción en 2002. Paralelamente, el complejo de entretenimiento “LA CITTADELLA” de Kawasaki (川崎) buscaba en 1997 una manera de celebrar con esplendor su décimo aniversario. ¿Qué hizo? Se apuntó a la fiesta. Así empezó la tradición del desfile de carrozas de Halloween más importante fuera de Tokio y Osaka.    

El resto es historia.

Que parezca un accidente

Ya señalamos que este Halloween es distinto del de Occidente, fuera de todo lo que tenga que ver con decoraciones comerciales. Podría llamar la atención que la actividad más famosa de Halloween, el trick or treat, pedir caramelos puerta a puerta, no exista. Pero en Japón, a los vecinos no se los molesta… Líneas rojas culturales.

Curiosamente, la práctica intentó ser rescatada con un giro por parte de quienes menos se imaginaría uno. Durante algunos años alguien le hizo a los niños una oferta que no podían rechazar. Una de las principales organizaciones de la yakuza montaba un puesto con decoración temática que hacía de punto de trick or treat. Sí, la mafia japonesa repartía caramelos de Halloween a los niños. Hubo ocasiones en las que hasta se montó un castillo inflable. Pero había preocupación por el hecho de que niños pequeños estuvieran recibiendo regalos por parte de grupos de crimen organizado, por lo que las autoridades decidieron darle carpetazo al asunto mandando al trick or treat a dormir con los peces.

Las historias de fantasmas pertenecen al verano, no al otoño 

Quizá los más familiarizados con la cultura japonesa pensarán que puede haber alguna relación con las festividades ya existentes durante el Obon veraniego, ya que las similitudes saltan a la vista. Los espíritus de los ancestros vuelven de forma temporal al mundo de los vivos, cuando regresan a sus antiguos hogares. Es en esta época que las familias se reúnen y se acostumbra contar historias de terror.

Durante Halloween también se cree que los espíritus vuelven a recorrer la tierra gracias a la conexión temporal entre nuestro mundo y el de ultratumba. Sin embargo, ambas actividades son tratadas como cosas radicalmente distintas. Los espíritus de Obon (お盆) visitan a sus familias mientras que los espíritus de Halloween en Japón salen de fiesta.

Y a diferencia de Occidente, los disfraces durante la fiesta no son una protección para despistar a los espíritus malignos sino una variante más del cosplay. De forma similar, Jack-o-Lantern pierde su función de linterna guía o repelente de fantasmas indeseados.

Principales eventos del Halloween en Japón

Tratándose del lugar de nacimiento de la celebración, Tokio sigue siendo la estrella del Halloween japonés con múltiples eventos a lo largo de la ciudad, siendo Shibuya (渋谷), Harajuku y Disneyland los recintos más populares de todos.

Le sigue de cerca Osaka, con su multitudinaria macrofiesta callejera en la animada y céntrica zona de Dotonbori, además de las celebraciones en el Universal Studios Japan, cuyo festival de Halloween no ha hecho más que crecer desde sus inicios en 2002. Y cabe destacar que, a diferencia del archifamoso parque temático de Tokio, su contrapartida de Osaka no condiciona la creatividad en los disfraces con una kilométrica lista de requerimientos y prohibiciones.

Y en un más que digno tercer lugar se encuentra el desfile de Kawasaki, que también gana en popularidad con cada año que pasa. Además, este evento también destaca por ponerse a la vanguardia de la visibilidad LGBTQ desde 2017, incorporando también un desfile del orgullo gay a su cita anual de Halloween.

Recomendaciones generales

Sobre ambientación o indumentaria, diversas cadenas de tiendas suelen ofrecer multitud de disfraces o accesorios durante estas épocas para quienes no cuenten con el tiempo o la habilidad de usar sus propias creaciones.

Entre las opciones más socorridas están Don Quijote, popular cadena de tiendas de descuento (sin relación alguna con el ingenioso hidalgo de La Mancha) para conseguir atuendos originales y económicos. Loft o Tokyu Hands son dos de los favoritos habituales para accesorios, decoraciones varias o maquillaje entre los aficionados a las manualidades. Finalmente, las tiendas de todo a 100 se usan como alternativa para quienes tengan un presupuesto más ajustado.

Si se opta por ir a alguno de los eventos más populares, es aconsejable ir pronto si se desea tener una buena visibilidad del desfile. Por último, por su naturaleza decentralizada y principalmente callejera, es conveniente comprobar a través de internet la información actualizada sobre cualquiera de los lugares donde se desee participar ya que los eventos pueden no necesariamente ser celebrados el mismo 31 de octubre.

AVISO: Este año 2020, debido al coronavirus, es probable que ninguno de estos eventos se realicen.

Toshiko Sakurai

Toshiko Sakurai

Disparo (¡con mi cámara!), luego existo. Pinto con luz y junto letras como buenamente puedo. Llegué a Tokio desde Barcelona en otoño de 2017 y desde entonces me dedico a capturar rincones de la ciudad a bordo de mi bicicleta. Cuando no llevo la cámara encima, acostumbro desafiar la ortodoxia culinaria mezclando estilos de todos los lugares donde he vivido.

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